La consolidación como un gran centro psiquiátrico

La concepción de la enfermedad mental y su tratamiento

Imagen del Doctor Añibarro En la primera mitad del siglo XIX dominaba la clasificación de Esquirol que agrupaba las enfermedades mentales según bases puramente sintomáticas y psicológicas. Cuando se inauguró el Hospital Aita Menni, la psiquiatría iniciaba su verdadera etapa científica y el Dr. Añibarro adoptó la clasificación de Morel que se basaba en la idea de la “degeneración hereditaria” o involución biológica que se produce en el enfermo mental hasta descender a variedades humanas inferiores o previas a la genealogía del hombre.

A falta de recursos terapéuticos específicos y eficaces para la curación de las diferentes enfermedades mentales, los tratamientos de esta época se orientaban a crear las condiciones más favorables para la recuperación natural de la enfermedad.

La vida cotidiana de las pacientes se enriquecía con diversas actividades de ocio como la representación de obras de teatro o paseos por los alrededores del sanatorio. También se disponía de un salón de lectura con una biblioteca surtida de obras recreativas y en días festivos se organizaban veladas con representaciones de sainete, proyecciones cinematográficas y audiciones de gramófono.

Imagen de pacientes paseando alrededor del sanatorio Imagen de una sala de recreo

En los espacios que rodeaban los diferentes pabellones se disponía de huertas y corrales de fácil acceso en los que las enfermas desarrollaban actividades de laborterapia al aire libre. La terapia ocupacional se utilizó en el Hospital Aita Menni desde el principio, desarrollándose diversas actividades de esta índole. También se disponía de un taller en el que las pacientes realizaban diversos trabajos de costura.

Imagen de las huertas del hospital Imagen del taller con pacientes haciendo costura

Los medicamentos disponibles a principios de siglo se reducían a hipnóticos para combatir el insomnio -tales como el cloral, el bromuro o el opio- y los sedantes utilizados contra la ansiedad -derivados del opio, hachís, belladona, escopolamina-. Además, sobre la base de que el paciente maníaco presenta problemas digestivos por una deficiente masticación de los alimentos, se utilizaban reconstituyentes y laxantes.

Entre los diferentes métodos de la época, era ampliamente utilizado el de la narcosis prolongada, consistente en mantener a los pacientes durante varios días bajo los efectos de hipnóticos, interrumpiendo su acción únicamente para permitirles realizar sus funciones vitales. A partir de 1917 se introdujo la técnica de la piretoterapia que consistía en la producción de fiebre por medio de diferentes agentes, tales como suspensiones coloidales de oro o plata, nucleinato sódico o lítico, esencia de trementina, albúminas bacterianas, suspensiones oleosas de azufre o formas benignas de paludismo.

Imagen de la farmacia del hospital

Otro tratamiento ampliamente utilizado era la hidroterapia, un antiguo método universalizado por Kraepelin, que consistía en la utilización del baño a temperaturas diferentes en tiempos también diferentes según los cuadros clínicos. En general se pretendía sedar al paciente en estados de agitación o estimularlo en estados de postración.

Sala de hidroterapia