¿Cómo podemos entrenar las funciones ejecutivas en las personas con enfermedad mental?

25/09/2018

El Proyecto Ereiaro ha dado como resultado diversos talleres prelaborales-ocupacionales. El 'Taller de horticultura terapéutica' y el 'Taller de plantas aromáticas, culinarias y medicinales' son ya en Aita Menni un recurso esencial para entrenar las funciones ejecutivas de las personas con enfermedad mental grave.

Escrito por:
- Macarena Aspiunza, responsable del Servicio de Rehabilitación y Dinamización Social 
- Selene Vélez, terapeuta ocupacional, Servicio de Rehabilitación y Dinamización Social  
- Fuensanta Mesa, monitora, Servicio de Rehabilitación y Dinamización Social 

Hace tres años el Hospital Aita Menni inició el Proyecto Ereiaro junto a la empresa de productos ecológicos Ekoudalatx. Este proyecto ha dado como resultado diversos talleres prelaborales-ocupacionales, como son: el 'Taller de horticultura terapéutica' y el 'Taller de plantas aromáticas, culinarias y medicinales'. Ahora con el paso de los años, se están viendo los resultados en todos los aspectos y está resultando una herramienta esencial para entrenar y/o capacitar en tareas que impliquen las funciones ejecutivas del cerebro de las personas con enfermedad mental. De hecho, ese es uno de los objetivos del taller.

Enfermedad mental y funciones ejecutivas

Desde la década de los 90, la investigación sobre los trastornos cognitivos en la esquizofrenia y la psicosis ha crecido enormemente. Cabe destacar que la variabilidad de los déficits neurocognitivos en psicosis y esquizofrenia es extremadamente amplia, con grandes diferencias entre unas personas y otras.

Partiendo de esta variabilidad, nuestra capacidad para planificar, ejecutar y evaluar aquello que hacemos, es decir, las funciones ejecutivas, también pueden verse afectadas cuando se presenta un diagnóstico de enfermedad mental grave y puede suponer menores o mayores dificultades a la hora de funcionar en el día a día.

Esta pérdida/disminución en la funcionalidad en personas con enfermedad mental se ha encontrado asociada al deterioro cognitivo y en este caso, a las funciones ejecutivas superiores del cerebro, asociado a un deterioro global de la persona.

Las funciones ejecutivas se consideran actualmente un buen predictor del nivel de funcionamiento psicosocial de la persona con enfermedad mental.

Funciones ejecutivas

Pensemos en cualquier cosa que hayamos hecho, estemos haciendo o tengamos que hacer. Por ejemplo, estoy escribiendo este artículo; atiendo al ponente de una conferencia o al profesor en clase; tengo que salir a comprar antes de que cierren la tienda. Parecen cosas sencillas de hacer, pero cada una de dichas acciones supone una serie de procesos cognitivos de elevado nivel que me permiten llevar estas tareas a cabo.

Estos procesos reciben el nombre de funciones ejecutivas, gracias a las cuales somos capaces de actuar con un propósito determinado en nuestro día a día.

 Así, se entiende por funciones ejecutivas el conjunto de habilidades y procesos cognitivos que nos permiten adaptarnos con éxito al medio y resolver problemas a partir de la integración de las diferentes informaciones disponibles. Gracias a ellas podemos realizar conductas propositivas. En general se puede considerar que se encargan de controlar y autorregular la actividad mental y los recursos cognitivos, participando en aspectos como la motivación o la moral además de en el procesamiento de la información y el control de la conducta.

 Estas habilidades no resultan completamente innatas, sino que se adquieren y desarrollan a lo largo del ciclo vital y del desarrollo de las personas. De hecho, algunas de ellas están vinculadas a la maduración cerebral. De igual modo, tienden a decaer según se va envejeciendo y cuando se dan problemas neurológicos.

 Como hemos dicho, por funciones ejecutivas entendemos a un conjunto de habilidades y procesos de gran utilidad para nuestra supervivencia y adaptación. Pero ¿cuáles son? Algunas de las principales y más importantes son las siguientes:

  • Flexibilidad cognitiva: nos ayuda a adaptar nuestra conducta y actitud a situaciones nuevas o inesperadas.
  • Inhibición: capacidad con la que controlamos nuestras respuestas impulsivas y generamos otras mediante el razonamiento.
  • Monitorización: proceso a través del cual supervisarmos la conducta y por el que analizamos si cumple el plan de acción establecido.
  • Planificación: función que nos permite pensar en el futuro y trazar la manera de ejecutar una tarea o alcanzar un objetivo concreto.
  • Memoria de trabajo: modo en que almacenamos temporalmente la información y la manipulamos para llevar a cabo tareas complejas.
  • Toma de decisiones: capacidad para elegir una opción entre diferentes alternativas de manera eficiente y meditada.
  • Resolución de problemas: capacidad de llegar a una conclusión lógica ante el planteamiento de una incógnita.

Si se observa, prácticamente todas son necesarias para desarrollar las subtareas del ‘Taller de plantas aromáticas, culinarias y medicinales’.

El ‘Taller de plantas aromáticas, culinarias y medicinales’ y las funciones ejecutivas

¿Cómo podemos intervenir en las funciones ejecutivas desde el ‘Taller de plantas aromáticas, culinarias y medicinales’? Analizando cada una de las subtareas del taller desde cada función ejecutiva. Veamos cuáles y cómo actúan.

  • Flexibilidad cognitiva: el tiempo meteorológico condiciona la programación de cada día; es decir, si hace mucho calor deberemos centrarnos más en regar y si llueve o nieva, buscaremos tareas de interior. Las personas participantes del taller deberán adaptar tanto su conducta como su pensamiento, en ocasiones, a circunstancias puntuales o situaciones novedosas. Participar en este taller ayuda a flexibilizar la rigidez cognitiva propia de la enfermedad y la institucionalización. Las monitoras explican a quienes integran el grupo los cambios momentáneos que pueden ocurrir cada día y proporcionan alternativas seguras para llevar a cabo. 
  • Inhibición: en el momento que hay que comenzar con la poda hay que identificar con atención cuáles son las plantas, ramas y hojas que hay que podar, hay que dejar de lado la impulsividad y las respuestas sin razonamiento para conseguir el objetivo. En estos casos, la monitora tiene que apoyar a las personas con enfermedad mental para frenar las conductas impulsivas sin razonamiento, mediante guía verbal o física, para obtener respuestas adaptadas al desempeño que se les pide. 
  • Monitorización: cada día, al inicio del taller, se explica a quienes participan qué es lo que van a hacer en la jornada y se elabora un plan conjunto especificando quién se va a encargar de cada tarea, los materiales necesarios, en qué consiste cada subtarea, necesidad de ayuda, etc. Nos aseguramos de que todo queda entendido y  de que cada persona pueda supervisar como va realizando su trabajo poco a poco, para que al finalizar se aprecie el resultado. El trabajo puede ser individual o por parejas. En este último caso, uno miembro de la pareja o alternándose puede realizar las necesarias tareas de supervisión.
  • Planificación: aquí se incluye toda la programación, paso por paso, de cada tarea que se realiza tanto en actividad de huerta como en tareas del interior. Las estaciones del año definen las tareas a llevar a cabo en este taller, estructuran la actividad y la rutina diaria. Con esta función ejecutiva, se puede observar toda la secuencia que conforma el proceso hasta salir el producto al mercado, aquí se fijan las metas, se observa el inicio y finalización de cada tarea. De esta manera facilitamos la estructuración de los tiempos.  Las personas participantes participan en la organización del día a día, de los materiales, de la limpieza, de los descansos, etc. A continuación, ponemos un ejemplo de alguna de ellas:  

o   Primavera-verano: en primavera comienza a brotar la planta, necesita más riego y se quitan las malas hierbas. En verano comienza la recolecta de la lavanda, mentas variadas, hierbaluisa, tanaceto, salvia, valeriana, ruda, perejil, orégano, melisa y albahaca. Este trabajo ocupa gran parte de los meses de julio, agosto, septiembre y octubre.

En este periodo, comienza el trabajo en el interior hasta que conseguimos sacar el producto al mercado. Después se hacen ramilletes de cada planta y se dejan para secar en el secadero. Una vez secos se desgrana. Se mete en bolsas de venta, se pesa y se etiqueta.

o   Otoño-invierno: en esta época del año, la actividad se centra en la poda de cada una de las plantas, principalmente de la lavanda, para que en el verano pose atractiva con su fragante aroma y sus colores lilas y morados. En invierno, se realizan labores de mantenimiento y cuidado de las plantas frente a la climatología adversa.

  • Memoria de trabajo: con el paso de los años, las personas que participan en el taller han ido adquiriendo un grado profesionalidad y desempeño mucho más eficaz; conocen cada una de las tareas a realizar según la planificación, participan y tienen un funcionamiento autónomo. Gracias al entrenamiento y capacitación diaria, son capaces de realizar tareas cognitivas complejas, como por ejemplo, identificar las distintas plantas de la huerta.
  • Toma de decisiones: cada día los participantes del taller y la monitora se enfrentan a tomar decisiones ante situaciones que ocurren, como por ejemplo una plaga de bichos, una granizada que estropea la cosecha, un excedente de producción, etc. De manera grupal, eligen la opción más adecuada a las circunstancias, por ejemplo, crear otro producto de venta para el excedente de producción o buscar otra variedad de planta que resista mejor las plagas. Ej. este año nos hemos estrenado envasando aceite de almendras corporal con aroma a lavanda.

  • Resolución de problemas: de manera individual, las personas que componen el taller pueden tener dificultades en tareas más complejas y, en este caso, la monitora les orienta y apoya, facilitando y simplificando el trabajo, si es preciso, para conseguir resolver el problema, siempre proporcionando guía física o verbal para llegar a conseguir la meta establecida. Por ejemplo, para manejar una herramienta de fuerza que voltea la tierra se puede disminuir el tiempo de actividad, hacer periodos de descanso y trabajo, entrenar en uso de la herramienta, ejercer la fuerza entre dos, etc.

Un precioso jardín terapéutico

Tres años después de su creación, lo que empezó siendo un cuadradito de tierra se ha convertido en un precioso jardín terapéutico que nos invade con su fragancia y colorido. Un sitio precioso donde pasear conociendo las diferentes clases de plantas aromáticas, culinarias y medicinales.

Todos los días, colaboran en el taller 15 personas de la Unidad de Larga Estancia B (área de Aranzazu 1 y 2). Algunas de ellas participan en las actividades dentro de la zona del invernadero y huertas externas durante una hora y media; otras participan en tareas de interior, como son el secado, el envasado o el etiquetado. Un sábado al mes comercializamos nuestras plantas en el Mercadillo de Arrasate.  Todo el proceso está  dirigido por la monitora Fuensanta Mesa.

 “Hemos ido aprendido poco a poco a conocer las diversas variedades de plantas por su aspecto, color y aroma. Podríamos explicaros para qué se utilizan y para qué son beneficiosas. Con el paso de las estaciones del año, nuestras tareas van cambiando y estas nos ayudan a planificar qué es lo que tenemos que hacer en cada temporada del año”, comenta uno de los participantes del taller. Y es que toda esta secuencia de tareas de producción, desde que la planta entra en el invernadero o en la tierra hasta que llega al mercado, es una herramienta perfecta para potenciar y entrenar las funciones ejecutivas.