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100 AÑOS DE HISTORIA Fundación Hospital
El 1 de Junio de 1898, el Padre Benito Menni, representando a la Orden Hospitalaria de los Hermanos de San Juan de Dios, a la que él pertenecía y de la que era Provincial para España, y de la Congregación de Hermanas Hospitalarias, que él mismo había fundado, inaugura la Casa de Salud de Santa Agueda.
Este hecho vino a significar el punto culminante de una relación con estas tierras que había comenzado casi 25 años antes, en febrero de 1874, cuando Menni llega a Pamplona, en compañía de otros 5 hermanos de San Juan de Dios, para incorporarse a los servicios de Sanidad del bando carlista, como enfermeros de la neutral Cruz Roja. La participación en tales empeños no era nueva para la Orden Hospitalaria; el mismo Ángel Hércules Menni vio nacer su vocación hospitalaria a los 19 años, atendiendo como camillero voluntario a los heridos en la batalla de Magenta, en la guerra entre franceses y austriacos (1859). Sin embargo, seguramente no había nada más alejado de las intenciones que traía Menni que verse envuelto en la gran locura de la guerra cuando, en abril de 1867 llega a Barcelona con la misión, encomendada por el prior general de la Orden Hospitalaria, Padre Juan María Alfieri y el papa Pío IX, de restaurar la Orden Hospitalaria en España, desaparecida en nuestro país entre los avatares políticos y sociales del siglo. Tras la fundación de la primera Casa-Asilo para niños en Barcelona, en septiembre de 1868 se inicia el movimiento revolucionario que acabó con el reinado de Isabel II. Menni vivió una vida azarosa durante los años siguientes, estando en varias ocasiones en riesgo de su propia vida, que le llevó finalmente a Marsella, de donde pasó a Pamplona como hemos comentado. Durante la guerra, los religiosos ejercen su labor en el frente, como camilleros, y en los hospitales de primeros auxilios, prestando asistencia médica y de enfermería. El equipo sanitario de hospitalarios estaba formado inicialmente por siete enfermeros, a los que luego se incorporaron otros religiosos, entre los que se encontraban dos médicos. Desempeñaron su cometido en los combates de Portugalete, Abárzuza, Lácar y Lumbier, así como en los hospitales de sangre de Santurce, Portugalete, Irache, Gomilaz, Ochandiano y el propio Santa Agueda. El balneario fue durante la guerra hospital de sangre, y a él se retiraron los heridos atendidos en el hospital de Gomilaz durante la campaña de Dorregaray en el invierno de 1875; esta es la primera vez que consta la estancia de Menni en Santa Agueda. Como vemos, Menni tuvo la oportunidad de conocer a fondo el país, de familiarizarse con sus gentes, y de apreciar su profunda religiosidad. Ya cerca del final de la contienda, Menni decidió retirarse de los hospitales de sangre ante la falta de personal. A mediados de 1875 inicia las gestiones para la fundación de un hospital en Escoriaza. Para ello, expone las razones que le llevan a crear este establecimiento en un texto dirigido a las diputaciones vascas: "... a fin de acudir a necesidades muy urgentes, hemos pensado abrir una casa hospital por cuenta nuestra y admitir en ella tres secciones: 1ª una de dementes, que actualmente están en varios pueblos, detenidos en las cárceles, sin que se atienda a su curación por falta de asilo apropiado. 2ª. Para los inválidos de guerra. 3ª. Para los niños varones que por las consecuencias de la guerra o por otras desgracias hayan quedado desamparados,...". Evidentemente, Menni pretendía sintonizar con las necesidades asistenciales de las provincias vascas ante la crisis provocada por la guerra civil. Del texto de respuesta de la Diputación de Guipúzcoa se desprende que Menni acertó plenamente en su análisis de necesidades: "... Noble y grandiosa como es la empresa que proyecta el padre Menni, se recomienda además en este caso porque viene a cubrir necesidades que en Guipúzcoa se dejaban sentir de una manera ostensible. Un asilo para los desgraciados que han perdido por completo o tienen perturbada la razón es ya absolutamente necesario, máxime cuando no podemos mantener relaciones oficiales con las casas para enfermos de esa naturaleza, que costea y mantiene el Gobierno de Madrid. Como dice muy bien el autor del pensamiento, hoy los dementes de nuestro territorio gimen en las cárceles, no como seres desgraciados dignos de compasión, sino como criminales merecedores de castigo; así es que, bajo ese punto de vista, la Casa-asilo que se trata de fundar es una adquisición de indiscutible importancia." La sinceridad del texto queda reflejada en que las Diputaciones de Álava y Guipúzcoa concertaran la estancias de los pacientes a su cargo en el Centro, al precio de una peseta. Hay que señalar que el País Vasco y Navarra carecieron de hospitales psiquiátricos hasta finales del siglo XIX. Los enfermos eran ingresados fundamentalmente en los Manicomios de Valladolid y Zaragoza, como lo prueba el que de allí fueran trasladados los pacientes cuando se fuero abriendo centros en estas tierras. Merece la pena señalar que el Manicomio de Navarra fue concebido originalmente por su patrocinador, Francisco Daoiz Argaiz, como establecimiento para las cuatro provincias, por lo que su nombre original era "Manicomio Vasco-Navarro". Cuando finalizó su construcción, en 1903, contando por cierto con sendas comunidades de hermanas hospitalarias y hermanos de San Juan de Dios, las tres provincias vascas contaban ya con sus propios centros, por lo que pasó a llamarse "Manicomio de Navarra". Como consecuencia de la guerra, habrían quedado cortadas las posibilidades de ingresar a los pacientes en los centros habituales, por lo que estos habrían sido recluidos en las cárceles locales. Esta medida no resultaba extraña en la época. La Estadística General de Dementes de 1848 señalaba que existían en España por esa fecha 17 establecimientos penales - cárceles públicas, galera y presidios - que acogían dementes. En concreto, en el País Vasco se encontraban en esa situación la casa galera de Bilbao y la cárcel de Tolosa. Estos hechos nos hablan del calamitoso estado de la atención psiquiátrica en el país. Sin embargo, pese a su indudable oportunidad, la Casa de Escoriaza no prosperó, ya que no fue autorizada por las nuevas autoridades liberales tras la derrota de los carlistas. Tras el cierre de Escoriaza, Menni se trasladó a Madrid, iniciando entonces la fase decisiva de su obra fundacional, consolidando la restauración de la Orden de San Juan de Dios y acometiendo la fundación de las Hermanas Hospitalarias. La llegada a Madrid de Menni debió producirse en condiciones de gran penuria económica. La Hija de la Caridad Sor Trinidad Isern, novicia en el Manicomio de Santa Isabel de Leganés, relata que: "Estaba pálido, extenuado; se sentía acosado por el hambre y sin un céntimo". Pero si Menni salió de Guipúzcoa con gran escasez de recursos materiales, no puede decirse lo mismo de otro tipo de bienes; por el contrario, podemos decir que durante aquellos años, Menni puso los cimientos de lo que luego sería su obra fundadora. ¿Qué se llevo Menni de su estancia en el País Vasco? En primer lugar, un cariño profundo hacia el país, hacia sus gentes e incluso hacia su cocina, que le harían años más tarde, cuando era superior de Ciempozuelos, encargarle a Doña Vicenta Larriategui, de Lequeitio, "2 o 3 barriles de escabeche de besugo". También parece demostrado que aquí adquirió Menni la sensibilidad hacia la atención a los enfermos mentales, entre el amplio abanico de la necesidad humana, que le iba a llevar a enfocar la restauración de la Orden de San Juan de Dios y, especialmente, la fundación de las Hermanas Hospitalarias hacia la atención a los enfermos mentales. Y ya sabemos que este acierto a la hora de elegir el sector asistencial al que dedicar el esfuerzo de la Ordenes fue esencial para el éxito de su labor. En segundo lugar, Menni se llevó del País Vasco conocimiento. La fundación de Escoriaza le sirvió a Menni como banco de pruebas para otras que le siguieron. En ella nos encontramos por primera vez con toda una serie de características que mas tarde podríamos reconocer en otros centros, entre las que podemos citar el modelo mixto de Centro, privado para asegurar la preeminencia de los valores de la caridad cristiana y público, para poder alcanzar al conjunto de la sociedad, especialmente a los más desfavorecidos, o la introducción del modelo moral en la práctica asistencial. Este modelo, basado en el trato humanitario al enfermo, se encontraba en vigor en los Manicomios que la Orden Hospitalaria regentaba en Europa, y podemos atribuir a Menni su introducción generalizada en nuestro país. En el artículo 9 del Reglamento del Centro, el primero de los muchos que después redactaría Menni, se establecía con claridad que "se prohibía terminantemente la práctica de la verberación". Pero todavía se llevó Menni un bien más precioso del País Vasco y de Navarra: se llevó a personas, muchas personas, cientos de religiosos y religiosas que eligieron compartir su ideal de vida.
En el proceso de beatificación de Menni se declara que: "...aprovechó su estancia en las ambulancias del Norte para relacionarse con sacerdotes de los que militaban en el campo carlista pertenecientes a otras provincias de España, sobre todo a las Vascongadas, para por su medio poder abrirse camino para nuevas fundaciones y a la vez conseguir muchas vocaciones..." Y en una carta de Menni a Don José María Arrastia, prior del Puy de Estella, le dice que: "...Por gobierno de usted sepa que de esas tierras uno solo no ha perseverado, y eso que tenemos muchos navarros y provincianos (como se denominaba a los vecinos de las Provincias por excelencia)...aquí lo que se mira sobre todo son las circunstancias de la persona, su aptitud, y la decisión de su voluntad de abnegarse a sí misma por amor de Dios". El interés de Menni por las vocaciones fue decisivo en su determinación a la hora de fundar en estas tierras. Estaba ya presente en Escoriaza, y Martín comenta acerca del objetivo vocacional en esta fundación: "Además, constándole la profunda religiosidad del país vasco-navarro, esperaba ver agregársele buen número de jóvenes, con los cuales pudiera, andando el tiempo, organizar nuevas comunidades". De nuevo en 1890, Menni intenta una nueva fundación en Sestao con claros objetivos vocacionales, planeando incluso incluso instalar allí una parte del noviciado de Ciempozuelos. Este proyecto tampoco tuvo éxito, pero, como suele decirse "a la tercera va la vencida", y 8 años más tarde se produce la fundación de Santa Agueda. Santa Agueda es la última de las grandes fundaciones psiquiátricas de Menni, y todo el proceso de cómo se llevó a cabo refleja la madurez y la experiencia de las 11 fundaciones de centros psiquiátricos que se extienden entre Escoriaza y Santa Agueda. Todo el aparato fundacional que Menni había puesto a punto a lo largo de 20 años funcionó como una maquinaria bien engrasada. El 8 de agosto de 1897 tuvo lugar el asesinato de Cánovas, que significó la ruina del antiguo balneario, y en menos de un año la Casa de Salud se encontraba en funcionamiento, con sus dos secciones de hombres y mujeres. Todo un éxito si tenemos en cuanta que en ese tiempo produce la compra del balneario, la negociación con las diputaciones vascas, el acondicionamiento del establecimiento a su nuevo uso, la concesión de permisos por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas y el traslado de los pacientes. El análisis asistencial que Menni había realizado con ocasión del establecimiento de Escoriaza continuaba siendo básicamente certero, aunque se habían producido algunos cambios significativos, que limitaban el área de influencia del centro. Estos cambios consistían en la edificación de sendos manicomios provinciales en Pamplona y Bermeo, con los que las diputaciones de Navarra y Vizcaya veían cubiertas sus necesidades. Menni entabló paralelamente negociaciones con las Diputaciones de Álava y Guipúzcoa y con los dueños del balneario, la familia Mendía, de forma que consiguió cerrar ambas casi a la par. La Diputación de Guipúzcoa celebró de forma unánime la oferta de Menni. La comunicación oficial de la apertura del Manicomio, publicada en el Boletín Oficial de Guipúzcoa en julio de 1898 nos ofrece un resumen de las ventajas que ofrecía el nuevo establecimiento: "...Muchas y muy importantes son las ventajas que Guipúzcoa, y aún todo el país vascongado, reporta del indicado establecimiento, pues ha venido a satisfacer la necesidad que se venía sintiendo de fundar en la provincia un establecimiento de esta clase, en vista de los muchos casos de demencia que ocurrían en la misma, y este resultado se ha obtenido sin gravar lo más mínimo al erario provincial, antes bien aliviándolo, toda vez que se han disminuido los gastos que originaba la traslación de los enfermos desde el pueblo de su residencia al manicomio, así como también el coste de las estancias". Aparte de las ventajas económicas que la Diputación celebraba con alborozo, Santa Agueda suponía un centro con mayor capacidad asistencial, más cercanía entre los pacientes y sus familiares y, sobre todo, una mejoría notable de las condiciones de vida y la atención que recibían los pacientes. Estas fueron las verdaderas bazas que Menni jugó ante las Diputaciones, y estas son las razones que siguen haciendo necesaria la labor de los hospitales. Naturalmente, hoy día los hospitales psiquiátricos no son la única respuesta asistencial en Psiquiatría, como lo eran en la época de Menni. Los centros se ven impulsados a la especialización y a la apertura a la sociedad, dando importancia a lo comunitario y no solo a lo hospitalario. Otras funciones, como la investigación y la docencia, también van ocupando su lugar dentro de la actividad de los centros. Extracto de la conferencia del Dr. Manuel Martín Carrasco “BENITO MENNI Y LA FUNDACIÓN DE LOS HOSPITALES DE SANTA ÁGUEDA (ARRASATE - MONDRAGÓN)” del 5 de Junio de 1997 en Arantzazu, con motivo de la inauguración de los actos del centenario de la fundación de los hospitales. |
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